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Domination México | logística impecable, producción no tan perfecta

Los pasados 3 y 4 de mayo se llevó a cabo uno de los más recientes festivales creados para el público que disfruta del metal y rock, dentro de nuestro país. A pesar de generar muchas dudas durante su proceso de promoción, Domination México venía dejando ciertas sensaciones extrañas, que provocaban una inusual reventa entre quienes habían adquirido sus pases en fases tempranas, elevados precios en las mismas, y un cartel que parecía no terminar de cuajar. Con el magno evento ya terminado y nuestra presencia en él, podemos contarles los pormenores y detalles, que al menos a nuestra consideración, terminaron por marcar una primera edición con logística impecable pero lejos de ser de las mejores.

Si buscamos adentrarnos de lleno en lo más importante de Domination México, podemos decir que OCESA se ha llevado las palmas, cumpliendo al 100% con la presencia de todas y cada una de las bandas anunciadas. Desde los headliners, como KISS y Alice Cooper, hasta las bandas de no tan alto renombre, como Iden Gakusha, o Anna Fiori. Sin ninguna excepción, los 5 escenarios que adornaban la curva 6 del Autódromo Hermanos Rodríguez se encontraron siempre puntuales, ofreciendo los shows que por cierto, era sencillo localizar gracias a la manera en que estuvo organizada la labor del lado de producción. Si acaso, podemos decir que un par de bandas entre las que destacamos a Dead Kennedys tocaron 20 minutos menos de lo programado, sin embargo los fanáticos cansados agradecieron este respiro para poder descansar y comer algo.

Claro está que en este festival no encontramos para nada la gran cantidad de participantes que en otros competidores del mismo género, o inclusive de algunos alternos (Corona Capital, Vive Latino), pero por ahí dicen que es mejor ofrecer calidad antes que cantidad, y en Domination México eso ha sido comprobado. Los casi 40,000 fanáticos que se dieron cita se han mostrado felices, y en general la aceptación por parte de la gente en redes sociales en su mayoría es positiva. Dejando de lado algunas quejas relacionadas con el polvo que en ocasiones se levantaba debido a los mosh-pits energéticos, pareciera que no hay nada que reprocharle a nadie.

Bandas como Trivium, Apocalyptica, Limp Bizkit y Dream Theater, congregaron a una gran cantidad de personas en los escenarios principales, encendiendo al ambiente aún cuando la lluvia se hacía presente. Eso sí, en el escenario principal que decidieron llamar «Cucapá Domination» parecían tener problemas de audio bastante notorios, sobre todo al sonar de los riffs de guitarra o los bajos, que por cierto en ocasiones eran totalmente imperceptibles. Inclusive los micrófonos de los vocales resultaban entrecortados, y aunque nos encantaría decir que pudimos disfrutarlo enteramente, la verdad es que no es así. Mi amigo y acompañante en esta aventura inclusive me llegó a mencionar sentirse como un sound-check previo.

 Algo que nos pareció curioso es que la zona dedicada a personas con entrada «Plus», estaba muy alejada de los escenarios principales, y aunque la atención en ella era bastante buena, también resultaba complicado tener tomas de foto o video de buena calidad desde allí, obligando a quienes adquirieron este pase a acercarse al espacio preferente. Escenarios como el «Headbanger’s» contaban también con un acceso VIP, y es que aquí nos sorprendieron con la presencia de bandas como Lamb of God que dieron un concierto impresionante, potente y épico, donde se agradece que hayan considerado la gran afluencia que se tendría, distribuyendo el espacio para el mismo para poder disfrutarlo de mejor manera.

Los horarios fueron un tema de los más preocupantes, al obligarnos a desplazarnos entre escenarios constantemente, teniendo que dejar a medias algunos de nuestros shows más esperados, para poder así intentar al menos escuchar 4 o 5 canciones de las demás bandas de las cuales no se tuvo consideración. Esperamos que, de repetirse el Domination México, se tome en cuenta la opinión de gente capacitada en el tema, para así tener una variedad de géneros mejor acomodada, y que podamos disfrutar al cien por ciento.

Por otro lado es importante dejar en claro lo similar que el ambiente se sentía desde que llegabas al acceso general, que por cierto, se llevó a cabo de manera eficiente y sin prácticamente ningún retardo adicional. Eso sí, la seguridad nos dejó un poco que desear al dejarte pasar sin ninguna revisión adicional al percatarse de que no llevabas mochila. Los booths de las marcas participantes eran literalmente iguales a los observados en el pasado Hell & Heaven, y aunque esto no es del todo negativo, nos hubiera gustado que innovaran un poquito respecto al acomodo y actividades adicionales que había por realizar cuando no había ningún espectáculo que fuera de tu agrado o simplemente querías distraerte de tanto guitarrazo. La familiaridad lograda con lo anterior fue un punto a favor que nos ayudaba a ubicar dónde podíamos encontrar cada cosa, si es que ya habías acudido anteriormente a un festival en este recinto.

Si lo que querías era sentarte a comer algo o adquirir una cerveza para refrescar tu garganta y olvidarte de las penas, también había un servicio tan eficiente en el que prácticamente te atendían minutos después de haber realizado tu pedido; la variedad de alimentos nos agradó bastante y si eras hábil seguramente te pudiste encontrar con distintos antojitos como burritos de arrachera, machetes, tortas de cochinita pibil y hasta churros del moro. Por primera ocasión también el llamado sistema «cashless» funcionaba apropiadamente y no hubo revoltura ni desorden al tener que pagar en efectivo o con la bonita pulsera que se otorgaba al entrar.

¿Fue un fracaso entonces? Para nada, consideramos que la organización del evento lo hizo bastante bien en todos los aspectos, replicando una logística más que estudiada que vienen arrastrando desde hace años. El aforo quizá no fue el mejor, y aunque las grandes bandas lograban tener una vista pletórica, cargada de gente, también era notorio que para nada estábamos ante la misma cantidad de público que hace un año coreaba los éxitos de Deep Purple y Scorpions bajo la lluvia, o que ovacionaba a Ozzy Osbourne en su gira de despedida. Nos hubiera encantado que los escenarios principales gozaran de mejor producción (KISS no contó con su escenario completo como se prometió) y el sonido también flaqueaba constantemente. Eso sí, podemos decir que la experiencia en general fue buena, pero no dejamos de sentirnos ante una copia sin alma del laureado Hell & Haeven.

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