Un Viaje. Enter The Void

Un Viaje.

Enter the Void. (Francia, 2009).

Dir. Gaspar Noé.

 


 

Las películas son como sueños guiados. Hay algo muy chamánico en el cine, así como puedes ir a la selva en Perú y estar con un chamán que te da hongos y tienes un sueño abierto, cuando haces una película, aunque creas que sí, no puedes cambiar la forma o el contenido. Pero el viaje dura 90 minutos o tal vez 3 horas y es un viaje muy guiado, como en una montaña rusa; no puedes salir del coche. Si la gente está hipnotizada por la película que hiciste, en ese caso los acompañas en un viaje mental.


Gaspar Noé.

La experiencia del cine, por más cotidiana que nos parezca, es en realidad un acontecimiento supranatural que tiene lugar en el interior de nuestras conciencias. Nada nuevo, también lo hace la literatura, la música, el arte en su plenitud.

Pero el cine, desde su lenguaje, desde su trinchera, tiene la capacidad de mover el piso donde nos encontramos de pie, de cambiar nuestra percepción del color, del sonido, del movimiento, de la realidad.

Los neonatos pensadores del llamado septimo arte repiten constantemente la frase “ser director de cine es jugar a ser Dios”. Patrañas. El director que hoy nos ocupa demuestra que hacer cine es como diseñar una droga, compartirla con el colectivo y esperar que su experiencia sea tan significativa que logre modificar la relación sujeto-realidad, sujeto-ciudad, sujeto-vida, sujeto-muerte.

Un viaje psicodélico de gran escala es lo que nos ofrece Noé con su largometraje de tres horas Enter the Void. Un guión planteado a la forma tradicional de tres actos, donde, desde la apertura se nos anuncia el desenlace. No pasa nada, es como subirse a la montaña rusa dice Noé, ya sabes que el recorrido termina en el punto de inicio, lo emocionante se encuentra en el trayecto, en esas pronunciadas curvas, en lo vertiginoso del ritmo, en los planos cenitales giroscópicos, en la cadencia de una cámara que flota al interior de la conciencia del personaje principal.

La colina más pronunciada de esta montaña nos lleva, irremediablemente, descarrilados y sin freno, al impacto de hierro y vidrio y huesos y carne y ataudes.

Una característica del film, quizá la más extravagante, es que intenta ser una versión cinematográfica del Libro Tibetano de los Muertos, conocido también como Bardo Thödol el cual, funciona como un manual para cruzar de manera apacible las etapas por las que debe transitar el ser al momento de la muerte para poder alcanzar la reencarnación o el acceso a una dimensión distinta a la nuestra. Desprenderse del cuerpo, de las poseciones, del pasado, de la personalidad, cruzar el portal, reencarnar, renacer, todo vuelve a comenzar.

Pareciera que el ser sólo quiere seguir siendo.

El resultado de este coctel psicotrópico es una historia simple que, para ser contada, requirió de un acomodo complejo del lenguaje cinematográfico. El uso de cámara subjetiva es la herramienta del director para hilar conceptos complejos y es, al mismo tiempo, el reto más grande al que parece haberse enfrentado ¿cómo es la mirada de los muertos? ¿cómo es ser un alma en pena? ¿las leyes de la física operan en el espíritu? ¿qué pasa con nuestra conciencia al momento de la muerte? ¿qué es esa luz?

Les aseguro amables lectores, que si la ven a la hora correcta, digamos las 4:20, la experiencia será redonda.

-Pero dura tres horas…-

-¿Y qué?-

Tags from the story
, ,
More from Alberto López

¡Shin Chan viene a México en su nueva película!

La web oficial de Shin Chan mostró un tráiler de la próxima...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *