Entre voces e insatisfechos.

Ha sido una semana exhausta. Llega el domingo y lo único que quiero es pasearme por la casa en pijama y sin bañarme. Ni siquiera tengo ánimo para comer y me siento en la sala o en mi habitación con la compañía de mi caja tonta. Me veo el partido de la NFL, Bob Esponja, algún documental sobre fauna marina y unas cuantas pelis domingueras, por no decir Terror bajo el Desierto 1, 2 y 3. Vuelvo a dormitar hundida en el sofá o en el colchón de mi cama. ¡Maldita sea! Ya hace hambre. Ordeno pizza por teléfono y tras prometerme mi pedido en una hora, llega en hora y media. No discuto con el repartidor. Pago y sonrío al ver la calle oscura, vacía y en silencio. Regreso a mi nido y tomo el mando de mi caja tonta.

Una mujer bella habla para la audiencia, habla sobre talento, música y canto. Al parecer va comenzando un show de talentos. La mujer hace una pausa para presentar a los protagonistas del show: cuatro figuras importantes en la trayectoria musical del país.

Y es cuando pienso: veo esto o me aviento la cuarta o quinta parte de Terror bajo el Desierto. Así que boto el mando y devoro la pizza mientras escucho. Y es que, es una buena excusa para poner en práctica el análisis crítico de los medios de comunicación, por supuesto.

La dinámica es sencilla, las cuatro celebridades o coatches, tendrán que reclutar un equipo de unas quince personas, todas ellas con un potencial de voz digno de educar y empujar a la fama. Sin embargo, la novedad de este show, es que los jueces tendrán que escuchar en vivo y a ciegas a los candidatos, claro con el objetivo de elegir VOCES y no personas. ¿Será que los jueces o coatches hubieran elegido por el físico y no por la voz?  Aunque suene simple, es obvio que sólo existirá un ganador, un finalista por cada coatch quien tendrá que ganarse al público, como en todos los talent shows.

El desarrollo es maravilloso, pues hay de todo, y cuando digo de todo: rolas en español, en inglés, baladas, banda, rancheras, pop, rock, rap, reggaetón y más. Chavitos, chavitas, maduros, de todo. A decir verdad, disfruto de las reacciones de los coatches cuando escuchan a las voces más extraordinarias en la audición y cuando conocen el físico y la actitud de la persona, es decir, es buen ejercicio para conocer más sobre lenguaje corporal, ¿cierto?

El programa continúa, conozco muchas canciones, algunas me gustan, otras no. Pero al final del show, tengo alguna preferencia por alguno de los intérpretes, o por lo menos pienso que alguno está guapo, o ya puedo deducir quién va a ganar. Se acaba la pizza, se acaba el programa y se me queda grabada alguna canción del show. Enciendo la laptop, busco algunos artículos y a la par busco en Youtube la canción que tanto hipnotiza mi mente. Y encuentro la grabación que acabo de ver hace unos minutos. ¡Maravilloso! La podré escuchar tal y como me gustó. Termino mi revisión de noticias del día, pero es temprano y no tengo nada de sueño.

Regreso al canal de video y me doy cuenta de que el talent show que acabo de sintonizar tiene el mismo formato en diferentes países: Estados Unidos, Ucrania, Bélgica, Alemania, Irlanda, Colombia, Corea del Sur, Finlandia, Argentina, Chile,  Australia, Reino Unido, India, España, Brasil, Suiza, Vietnam, Japón, Italia, Francia, Noruega, Rumania, Rusia, Grecia, Polonia, por decir algunos. Reconozco canciones en los diferentes formatos y reproduzco los videos. Me encuentro con voces brillantes, con gente que posee un talento espectacular, y con coatches de mayor trayectoria y trascendencia musical.

Un vídeo me lleva a otro y éste a otro. Es un círculo vicioso alimentado por el morbo, por la adicción de voces exquisitas y ¿por qué no? También por el taco de ojo con los extranjeritos. Así concluyo mi domingo.

A lo largo de la semana, retomo la búsqueda de más vídeos del famoso talent show y me tomo la libertad de compartirlos en mis redes sociales. Algunos de mis amigos, comparten el gusto por este descubrimiento de voces y personajes y otros simplemente se dedican a criticar. Una crítica un poco mediocre, la típica persona que se  llena la boca (o por lo menos, su perfil) de protestas en contra de los medios de comunicación masiva que manipulan la mente con el entretenimiento barato. Otros, parece ser que no conocen su país y toman cualquier oportunidad para comparar lo mejor que es la vida y cultura en otros lugares del mundo, menos en México (y que luego se jactan de tener un patrimonio cultural bellísimo, lleno de costumbres y tradiciones).

Es verdad que en Finlandia tienen a una coatch como Tarja y que en Polonia tuvieron a un Nergal, ¿pero por qué el enfado de algunos FANS mexicanos insatisfechos por el formato de nuestro país? Es decir, uno de los propósitos del show es seleccionar por lo menos a tres figuras importantes, o de gran trascendencia, o considerados representantes de la industria musical de cada país. Pero seguimos comparando el talento y la cultura y una enorme lista de cosas que seguro es mejor en otros países que el nuestro.

 

Pero supongamos en un mundo surrealista en el que Tarja (porque es la que anda en boca de muchos últimamente) llegue a ser parte del jurado de un show de talentos mexicano junto a la difunta Jenny Rivera (que el Señor la tenga en su santa gloria), Miguel Bosé (mi señor papito) y Kalimba. ¿Quién ganaría?

-Eso no se vale Gore, pones a competir el rock-metal-gótico-electrodarks-nuestra escena, con la música popular y nos jodes la existencia.

Ahí la respuesta. Lastimosamente, no son corrientes que hayan nacido en nuestro país, ni de mucho auge, o ¿no por eso les llaman underground? Pero, vale. Estoy de acuerdo en que nuestro país está lleno de grandes talentos dentro de todas las corrientes artísticas, sean comerciales, populares, unders o lo que sea. ¡Claro! es más fácil decir que en México no hay rock, ni metal, ni darks, ni electrodarks. Pero cuando lo tenemos ¿lo apoyamos?

Es domingo de nuevo. Mi ritual es el mismo que describí anteriormente. Comienza mi nuevo talent show preferido. En esta ocasión el programa anuncia una notica muy especial: un rockero mexicano, ganó el programa en el formato de Polonia. Un tal Juan Carlos Cano, quién llegó a las Europas por una serie de circunstancias y que jamás perdió su ambición y su sed por la música. Y de pronto nace en mi una nueva duda, ¿qué hubiera sido de Juan Carlos si hubiera competido en un talent show mexicano? Trato de no darle mucha importancia aunque me haya conmocionado por un instante. Tomo el mando y subo el volumen, pues la canción que escucho en ese momento me agrada. Respiro hondo, pues al final del día, es sólo un SHOW.

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