Por los caminos del Rock… en México

A través de los años la música ha sido el medio perfecto para expresar el sentir de las persona. Es la expresión artística más vulnerable al acontecer debido al estrecho vínculo que la une a la vida.  El artista pretende plasmar en sus letras todo lo que percibe: amor, odio, sexo, alcohol, religión,  malestar, descontento… esto es captado por el espectador y, casi siempre, tomado como algo propio.

En México uno de los más incómodos de los sobrevivientes es el Rock. Desde su llegada al país, y con el paso de los años, se ha visto como incorrecto e irrespetuoso. Siempre ha expresado la adversidad y el malestar social. Se le utiliza como medio de protesta y funciona como cronista de época. Aunque con el tiempo esto se ha transformado, en la actualidad algunos aún mantienen esa esencia.

Vivimos en una época en la cual se goza de una mayor libertad de expresión. Ahora los grupos de Rock tienen la oportunidad de jugar con el lenguaje, exponer los sucesos que acontecen en su entorno e incluso hacer críticas al mal gobierno. Pero no siempre fue de este modo. A lo largo del tiempo ha experimentado un sinfín de problemáticas que  han llevado a la prohibición parcial, e incluso  total del género.

La escena del Rock llegó a México a finales de la década de los cincuenta. La censura por parte de los medios de difusión, que trataban de evitar la introducción de la  tendencia Rocanrolera estadounidense a nuestro país, fue un factor determinante en el surgimiento de bandas nacionales del género. De este modo, imitando las notas de artistas Norteamericanos y traduciendo sus letras, aunque no siempre en un sentido literal, nacen las primeras agrupaciones de Rock en México.  Mismas que encontraron su hogar en los denominados “cafés cantantes”.

Estos lugares tuvieron su auge entre 1961 y 1965. Eran escenarios de sana convivencia dentro de los cuales no se podía consumir más que café, limonada o naranjada.  Algunos de los más representativos fueron: El Beatnik, El Punto de Fuga, A Plein Soleil, El Harlem, el Hullaballoo, el Sótano y el Pao Pao.  Los visitantes podían ordenar una bebida, y de este modo su única preocupación, entre dos y tres horas,  era disfrutar de las diferentes bandas de Rock. Artistas como Los Locos del Ritmo, los Teen Tops, los Rebeldes del Rock, los Hermanos Carrión, entre otros, que fueron los primeros exponentes de esta tendencia.

El Rock, tras su llegada a México, se desarrolló en la escena adulta. Fue hasta que lo adoptaron lo jóvenes cuando se volvió producto de acusaciones y señalamientos. Eso no es algo exclusivo del género, a lo largo de los años diferentes tendencias han sido víctimas de lo mismo. Siempre por un mismo motivo. Atentan contra la moral y las buenas costumbres de la sociedad.

La transformación a un mundo más informal, como la “facha” que adopta esta comunidad, la modificación del lenguaje y las producciones contraculturales, como el grafiti, son algunos de los aspectos que  siguen impidiendo que el Rock sea visto con agrado.  Al ser una manifestación de libertad, se convierte en un atentado contra las tradiciones y las bases ideológicas del país. A finales de los sesenta el regente en turno del distrito federal  Ernesto P. Uruchurtu, prohibió los “Cafés  Cantantes”, pero fue hasta 1971 que el Rock entró en una etapa de oscurantismo. Este declive se dio tras el inicio de una moda psicodélica. Por lo cual el frenesí del Festival de Avándaro desencadenó una etapa negra para el Rock.

Tuvo lugar entre el 11 y 12 de Septiembre de 1971, era el primer festival Latinoamericano de Rock. Lo llamaron “Festival de Rock y Ruedas”, el “Woodstock” a la Mexicana. Con locación en Avándaro, Estado de México y contó con la presencia de más de doscientos mil asistentes.

Es difícil, y hasta imposible, creer que un festival de dichas proporciones pueda llevarse a cabo sin un solo pleito y sin la presencia de ningún tipo de estupefaciente. Aún así la mayoría de los asistentes describe un festival sin pleitos, sin vicios; sólo música y convivencia. Sin embrago los medios se encargaron de mostrar una cara distinta de ese festival… “No fue carrera de autos… fue de Motos”. 

Por otro lado cabe mencionar que el festival de Avándaro se llevó a cabo tres años después de Tlatelolco y tan solo tres meses después de “El halconazo”,  en ese tiempo todo lo que tuviera que ver con jóvenes tenía que ser erradicado,  al gobierno no le gustaban las congregaciones masivas de jóvenes.

Durante la década de los setenta y parte de los ochenta, el Rock se vio obligado a subsistir en la clandestinidad. Tras la prohibición encontró refugió en aquellos  establecimientos que buscaban imitar aquella esencia de los extintos “Cafés Cantantes”, por supuesto,  los “Hoyos Fonquis”. Sin embargo, lejos de asemejarse, eran lugares clandestinos, sucios, pequeños y sin seguridad aparente. La venta de alcohol y marihuana se daba al por mayor e incluso existía una tolerancia hacia la violencia. Asistir a estos establecimientos representaba un peligro, pues se corría el riesgo de que existiera una “razzia”.

Dada la clandestinidad de esta tendencia no es raro que no se tengan referentes claros. Uno de los más representativos es Alex Lora con Three Souls in my Mind. Algunos otros fueron: Peace and Love, La Revolución de Emiliano Zapata, Toncho Pilatos, Los Dug Dug’s, La Tinta Blanca, Bandido, La Fresa Ácida, La Tribu, La División del Norte y Love Army.

Durante aproximadamente 15 años el Rock presenció esta crisis, en los cuales ninguna casa productora se atrevió a grabar, o siquiera mostró un interés en esta variedad musical. Esta etapa también significó una evolución radical del mismo género; ya no hablamos de bandas que imitaban a las estadounidenses, sino de bandas con composiciones totalmente auténticas, dentro de las cuales ya no sólo se habla de “la fiesta” o “el relajo”.  A estas alturas el Rock Mexicano, hacía una dura crítica a diversas situaciones como: el malestar social, la manipulación y represión por parte del gobierno, la pobreza y claramente a la situación del género.

A finales de los ochenta las disqueras volvieron a interesarse en el Rock, y con bandas españolas y latinoamericanas comenzó la tendencia llamada “Rock en tu Idioma”. Esto abriría la posibilidad de un resurgimiento del Rock nacional. Sin embargo la mayoría de estas bandas estaban mucho más ligadas al género POP. Aun así surgieron excelentes exponentes del género como  Botellita de jerez o Maldita vecindad y los hijos del quinto patio.

Del mismo modo durante esta época el Rock pasó de la clandestinidad a ser un emblema de tolerancia tras la creación del “Tianguis Cultural El Chopo”. Ubicado a un costado del Metro Buenavista, “El Chopo” se convierte en sede de intercambio musical, dónde tanto la comunidad roquera, como un sinfín de comunidades urbanas, encuentra cobijo.

Actual mente ya no importa cuál sea  la situación  del Rock. Pues es un género que ha experimentado duras etapas de represión y  prohibición. No interesa la época o el sistema de gobierno, siempre ha sobrevivido y evolucionado. Habrá quienes se manifiesten encontré de él, pero siempre  habrá  quienes lo defiendan. Es por ello que se ha mantenido vigente.

 

 

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