Debido a la variación en la tasa de letalidad en personas diagnosticadas con COVID-19 a nivel mundial, así como la evidencia de casos de coinfección que difieren en el nivel de severidad de la misma entre poblaciones, un grupo de científicos del CINVESTAV, encabezados por Angélica Cibrián Jaramillo, Francisco Barona Gómez y Alfredo Herrera Estrella, en conjunto con la empresa Liomont y el Instituto de Biotecnología, UNAM, han propuesto realizar, por medio de pacientes diagnosticados con la enfermedad, un “marcaje cercano” al virus en aras de analizar la evolución y mutación del patógeno que origina el COVID-19 en el país.

Como se explicaba al principio del presente, la razón principal del estudio se justifica debido a la gran diferencia entre los índices de letalidad entre países, entre los cuáles, se maneja una tasa de entre el 2 y 4%, sin embargo, en México el porcentaje de personas fallecidas diagnosticadas con Coronavirus supera el 10%, denotando un efecto o mutación distinta a la de otras poblaciones.

La propuesta consiste en realizar pruebas de diagnóstico masivas, así como obtener datos entorno al comportamiento evolutivo y ecológico del virus, secuenciando las regiones de su genoma. Esta información sería útil para encontrar respuestas a corto, mediano o largo plazo, crear programas de prevención y retroalimentar diferentes modelos de análisis y comprender mejor los factores de co-morbilidad que hacen que este virus sea letal en algunos casos.

¿Cómo funcionaría la prueba?

Lo primero sería identificar regiones del SARS-COV-2 que sean blancos moleculares. Una vez que el ARN del virus es traducido a proteínas, estas deben ser intervenidas por proteasas, las cuales rompen los enlaces peptídicos, permitiendo así la maduración del virus, que incluye la formación de la cápside, membrana, envoltura, incluyendo la glicoproteína Spike, importante para la interacción con la célula (por medio del receptor ACE2).

Estructura simplificada del virus SARS-COV-2. Se muestra la nucleocapside (material genético envuelto por la cápside), envoltura vírica, membrana lipídica, proteína Spike, entre otras. Mismas que son formadas debido a la intervención de proteasas en las proteínas traducidas por el ARN viral.

El grupo de investigación de Francisco Barona Gómez pudo descubrir y patentar un inhibidor de proteasas, la livipeptina, cuya actividad antiproteolítica (que inhibe la degradación de proteínas) está siendo planteada como terapia génica, a manera de impedir precisamente el momento determinante para la maduración y liberación del virus, tal como se muestra en la siguiente imagen:

Una vez que se tengan las construcciones de las proteasas del coronavirus, se generaán los datos que se requieren experimentalmente para ver si la livipeptina es capaz de inhibir la proteasa del coronavirus y con ello generar una alternativa más para contener la enfermedad, esta alternativa sería más precisa al intervenir en fragmentos de ADN cruciales para la formación del virus y podría complementarse a una posible vacuna.