¿Quién no ha sentido esa inmensa felicidad al salir de tu casa y dirigirte a una tienda de discos? No importa cual sea, siempre lo haces con una enorme sonrisa que mantienes durante todo el camino. Con nada más en la cabeza que la inmensa emoción de tener por fin aquél nuevo álbum de tu banda favorita.  Siempre pensando una y otra vez en cuál será su nuevo sonido en este material, que habrá de diferente y qué cosas sonarán como los antiguos trabajos.

La emoción crece al llegar a la tienda, y se intensifica mientras caminas rápidamente por cada uno de los pasillos. Artista por artista, género tras género, hasta que por fin lo tienes frente a ti. Lo sostienes, incrédulo, entre tus manos y te diriges a pagar. Y es hasta que lo extraes de su empaque cuando la adrenalina explota.

Abres ese disco por primera vez y automáticamente te impacta el diseño del mismo, puede ser algo simple o complejo, todo depende del artista. Lo sacas de su caja y lo introduces en tu reproductor. Suena el primer tema y mientras tanto hojeas el booklet que acompaña al álbum, mirando lentamente las imágenes que vienen dentro de él, observando cada pequeño detalle.

Conforme trascurren las canciones acompañas leyendo las letras de ese pequeño cuadernillo. Uno, dos, tres… no importa cuántos temas sean, uno tras otro intentas acompañar.  Cuando por fin termina lo retiras y guardas en su caja, para que pueda estar en aquella repisa destinada para este, junto al resto de tu colección.

Un bello ritual, por cierto, pero que está llegando a su fin. Pues la música digital parece estar ganando terreno.

Cada día más y más artistas apuestan por este mercado, dejando poco a poco de lado esta bella tradición. Sin duda existen enormes ventajas, el modo de adquirir música ahora es más (en teoría) rápido y barato sin mencionar la posibilidad de llegar a más rincones del mundo. Pero, ¿quienes se benefician más de esto, las disqueras o los artistas?

Al comprar un CD lo que realmente importa es la música, el trabajo de la banda, pero el arte y el diseño también son parte importante. De este modo es inevitable no tener un sentimiento de tristeza. Tal vez sea la misma nostalgia que algunos sintieron tras la expulsión del cassette, o la que nuestros padres soportaron cuando el vinilo fue abandonado. Pero yo no creo que sea el mismo caso, pues la forma de adquirir música siempre cambió por algo físico, algo que puedes tener en tus manos, sentir, apreciar, presumir, incluso romper. Ahora es algo que puede desaparecer si tu computadora o reproductor fallan.

De cualquier modo debemos aceptar que los tiempos cambian: música, películas, series, libros, revistas, y un largo etcétera han empezado a llegar a nosotros de un modo diferente  y no queda más que aceptarlo.

Aunque ahora algunos artistas (cofcofU2cofcof) apuesten sólo por la venta de música digital, creo que el CD físico aún estará con nosotros por un largo periodo y sólo disfrutarlo mientras podamos.

¡Animo! tal vez aquel disco de la esfinge que compraste hace unos meses valga millones dentro de unos años.

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