La búsqueda de la presencia de vida en otros planetas es un asunto que a lo largo de los años ha tomado fuerza en el ámbito científico, mismo que se ha investigado de manera constante obteniendo resultados positivos y negativos.

Ante esto y las oportunidades infinitas como el universo mismo, el día de hoy, se da a conocer lo que bien podría ser una prueba más del encuentro del objetivo, a 40 millones de kilómetros de nuestro planeta, en Venus.

De acuerdo al artículo publicado en Nature astronomy, un equipo de científicos han encontrado evidencia de una molécula producto de un proceso orgánico, indicativo de la posibilidad de forma de vida en el segundo planeta más cercano al Sol: la fosfina.

Este gas, fue localizado en las nubes de ácido sulfúrico de Venus a una altura aproximada de 55 kilómetros de altura, la fosfina (PH3), es un poderoso reductor que se apropia del oxígeno de muchos cuerpos para transformarse en ácido fosfórico. Si bien es importante evaluar la interacción de la atmósfera y subsuelos del planeta en cuestión, es importante conocer la procedencia de los productos de dicha interacción, en este caso, la fosfina se encuentra asociada a la presencia microbiana como producto de este agente reductor.

 Las superficies sólidas de los planetas rocosos presentan una barrera en su interior, y el PH3 se destruiría rápidamente en sus cortezas y atmósferas altamente oxidadas. Por lo tanto, el PH3 cumple con la mayoría de los criterios para una búsqueda de gas de firma biológica, pero es un desafío ya que muchas de sus características espectrales son fuertemente absorbidas por la atmósfera.

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Teniendo esto en cuenta, el estudio se basó en este principio para descartar la procedencia de este gas de manera exógena en reacciones foto y geoquímicas. Así mismo, estos resultados arrojaron resultados “positivos” ante la interrogante de la procedencia del gas, es decir, el resultado se acerca más a la afirmación de ser un producto procedente de interacción química biológica.

Ximena Abrevaya, Astrobióloga del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE/Conicet), menciona que aún se deben descartar otras interacciones abióticas (actividades no interferidas por seres vivos) en el planeta, por ejemplo la fotoquímica de las gotas de las nubes. Así mismo, los resultados del estudio arrojan claramente una producción menor comparadas a la ecología terrestre.

Así entonces, se concibe que la producción de PH3 se lleva a cabo en altitudes templadas, ofreciendo un entorno estable para la vida. Incluso si se confirma, se enfatiza que la detección de PH3 no es una evidencia sólida de vida, solo de química anómala e inexplicable. Ante esto, en última instancia, una solución podría provenir de volver a visitar Venus para mediciones in situ o retorno de aerosoles.

“La primera vez que una sonda llegó a Marte detectó rastros de vida en el suelo. Más tarde, al profundizar los estudios, resultó ser un falso positivo. Para que esto no vuelva a suceder, habrá que volver a confirmar esta observación y los químicos atmosféricos, deberán buscar alguna combinación de gases que produjo de manera no biológica el fosfano. Si todas las evidencias apuntan a una bacteria, para estar seguros, habrá que enviar una sonda que recoja una muestra de la atmósfera y la devuelva a la Tierra para su análisis”, detalla Pablo Mauas, doctor en física y director del grupo de Física Estelar, Exoplanetas y Astrobiología del IAFE.

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